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martes, 7 de enero de 2014

La chica de la fiesta

El rumor de “la chica de la fiesta” me llegó hace un tiempo, probablemente sea de público conocimiento como toda leyenda urbana. El tema se puso más escabroso cuando un amigo de San Martín me comentó de un evento macabro muy cercano a él, justamente estaba relacionado con el rumor de la chica. Me tomé el tiempo necesario para subir esta nota porque tardé en averiguar las fuentes, charlé con mucha gente de la zona este, indagué en diarios sobre los sucesos de aquella fecha y llegué a la conclusión de que esta historia, más que una leyenda urbana, es real… espantosamente real.Antes que nada les cuento sobre la leyenda. La historia es nocturna, sucede en fiestas y en boliches, las zonas donde el rumor se repite es en Corralitos,La Primavera, Fray Luis Beltrán, San Martín y Palmira, este último lugar es donde el mito es más latente y poderoso. Una chica vestida de blanco, de tez pálida y pelo negro es sacada a bailar por un chico. Luego de pasar la noche bailando y charlando él le ofrece llevarla a su casa, lo que ella acepta gustosa. Lo hace dar varias vueltas y le pide que paren en un lugar solitario. Él se detiene entusiasmado por la posibilidad de intimar, pero solo se lleva unos besos y una que otra caricia. La “anécdota” concluye cuando ella se baja en el cementerio zonal e ingresa por la puerta, a veces incluso hasta traspasando las rejas.Una variante, que escuché enLa Primavera, mucho más jugosa y tétrica, es que él la lleva hasta su casa, ella entra y él se va. Al otro día encuentra en su auto una campera de jean y vuelve al domicilio donde la dejó. Lo atiende el padre de ella y le comenta dolorido que su hija murió hace unos años, le pregunta el porqué de la búsqueda, el chico le comenta aterrado y el padre se da cuenta espantado de que la campera era efectivamente de ella.Sobre esta variante avancé bastante, al punto de que llegué hasta la casa donde teóricamente había sucedido el tema. Me atendió un señor bastante viejo y me hice pasar por periodista de un diario (cosa que he hecho para averiguar todo lo que se, falsificación una tarjeta de presentación). No me dejó entrar, pero desde la vereda me enteré que era viudo, que efectivamente hacía unos años había perdido una hija y cuando le pregunté por el tema de la campera de jean, se le llenaron los ojos de lagrimas y me cerró la puerta en la cara. Saco dos conclusiones, o la historia es verdad y el viejo no quiere contar nada, o la historia no es verdad y está cansado del rumor.Previo a contarles la historia quiero aclarar que todo lo que les voy a escribir es real, pero he tomado las precauciones de cambiar absolutamente todos los detalles, por respeto a las víctimas, en agradecimiento a los familiares y allegados que me dieron detalles y por cuestiones legales, ya que el caso está aún latente en la fiscalía. Además, suficientes problemas hemos tenido y causado con la nota de Neuquén… donde justamente arranca esta nueva historia.Era sábado a la noche, Marcos, Ignacio y Damián, eran tres amigos de San Martín que habían ido a bailar al boliche Neuquén, como religiosamente lo hacían cada sábado. Damián era el más ávido para el levante, Marcos lo segundeaba bastante bien e Ignacio era el que menos ganaba, pero siempre estaba. Los tres eran inseparables, toda la primaria y la secundaria la habían echo juntos, solamente se separaron en la universidad, cuando Marcos se decidió por contador, Ignacio por policía y Damián por enólogo.Esa noche era bastante linda, Ignacio se quedó con una mina que conocía y le dejó el campo de batalla libre a Damián y Marcos que se jugaron toda las fichas en la pista vip. Damián ganó al segundo intento y Marcos se quedó deambulando por la pista hasta tarde. Una vez que se resignó a que no era su noche, tomó varios tragos de más. Al cabo de un par de horas estaba bastante ebrio, por lo que salió a la pista del patio a tomar algo de aire. Estaba mirando hacia el cielo, intentando inspirar más oxígeno del habitual, cuando le tocaron la espalda. Solamente bastó que la chica le pidiese fuego para que Marcos activase todas sus virtudes de galán y terminase conociendo desde que se llamaba Amalia hasta el sabor de su boca.Se hicieron las seis y se juntaron en la puerta del boliche, para volverse en el auto de Damián, pero no volvían los tres solos, sino que Amalia los acompañaba. Ella vivía también en San Martín y Marcos se había ofrecido a llevarla con ellos.Manejaron por el acceso hasta la entrada a San Martín, en vez de tomar hacia la ciudad se dirigieron hacia el otro lado, hacia el Norte. Comenzaron a gastarla por lo lejos que vivía, ella no respondía más que con una mueca extraña. Luego de varios kilómetros Amalia señaló que debían tomar por un callejón hacia la derecha (Este), saliéndose de la calle asfaltada y entrando a un camino de tierra, los chistes sobre la lejanía de la casa se tornaron menos chistes. Manejaba Damián, iba de acompañante Ignacio y atrás iban Amalia y Marcos a los arrumacos. Dicen que la mirada de Amalia era misteriosa y seductora. Damián e Ignacio no podían dejar de mirarla por el espejo retrovisor, su palidez era abrumante. Pasados varios minutos la calle se angostó y a escasos metros veían como se curvaba hacia la derecha, Marcos no quería más besos y se impacientaba por llegar a destino. Amalia le señaló a Damián que no doblase a la derecha, sino que se metiese despacio por un callejón que había hacia la izquierda, Damián dobló dubitativo y un poco asustado. De pronto un viento comenzó a zamarrear los sauces llorones que poblaban la zona. Estaban solo ellos en aquel callejón, la última casita había pasado hacía kilómetros. Ninguno de los tres hablaba.Manejaron unos doscientos metros, donde el callejón se había transformado en una mera huella. No se veía absolutamente nada. Damián detuvo la marcha sin apagar el auto porque era casi imposible seguir avanzando, Marcos le preguntó sorprendido si era acá por donde vivía y si faltaba mucho. Ella contestó que si, que unos metros más adelante, que siguiera un poco más, su voz había cambiado y su palidez resplandecía en la oscuridad del auto. Ignacio bajó el vidrio polarizado para tratar de mirar mejor hacia la derecha, un frío polar y el ruido del silencio penetraron el habitáculo. Damián titubeó y tartamudeando le dijo a Amalia que no podía seguir avanzando… no sabía que más decir. Amalia le dijo que solo faltaban unos metros. Marcos estaba mudo, el frío del cuerpo de la chica lo estaba congelando. Damián encendió las luces altas y no vio absolutamente ninguna casa ni nada, incluso no había más huella. La mirada de Amalia estaba fija en él. De pronto Ignacio reaccionó y le dijo a Amalia que no podían seguir, que se iba a enterrar el auto, que bajase y que ellos la iban a acompañar caminando. Damián le clavó una mirada desesperada a Ignacio y le dijo que no se iba a bajar, que no iba a dejar el auto solo. Marcos le soltó la mano a Amalia y dijo que tenía mucho frío, que no se iba a bajar porque se iba a enfermar, desconcertado de miedo. Ignacio miró hacia la oscuridad, ahora la mirada de Amalia penetraba sus pupilas desde el retrovisor, entonces bajó la mirada y le dijo que fuese sola, que ellos la iluminaban y la miraban desde el auto. Amalia levantó una ceja en señal burlesca. No importa chicos, ustedes vayan, yo voy sola, no quería caminar nomás. Mitad sorprendidos, mitad aterrados, vieron como Amalia se bajaba del auto, saludaba con un beso a Marcos y luego se perdía entre el forraje silvestre del descampado. Los tres tiritaban de frío… pero más de pánico. Todo sin saber porqué. No se… esa mina…

El viento comenzó a correr más fuerte y se empezó a levantar polvo y tierra, Ignacio subió el vidrio y le pidió a Damián que se fuesen ya, que le daba miedo estar donde estaban, en el medio de la nada, con la oscuridad de la noche cubriéndolo todo.Entonces comenzó a llover, y las ráfagas de viento azotaron contra el auto, salieron marcha atrás del callejón y condujeron a toda prisa hasta la calle asfaltada. El terror que sentían los tres les impidió hablar hasta no estar nuevamente cerca de casa. No sabían porque. La noche llegó a su fin y cada uno se fue a acostar, ninguno pudo dormir.Al otro día, como todos los domingos, se juntaron después de almuerzo para picar algo previo al partido de Boca – San Lorenzo. Siempre se contaban las aventuras y desventuras de la noche anterior, pero obviamente ese domingo todo se centro en el suceso de Amalia. Ninguno se animaba a comentar el pánico tremendo que habían sentido. Luego de un rato, Marcos les pidió a sus amigos que lo acompañaran hasta la casa de Amalia. Él puso la excusa de que la quería ver, que se había olvidado de pedirle el teléfono y que era una linda mina para volverse a juntar, aunque los tres sabían que quería volver para ver realmente donde vivía, porque ninguno aquella noche pudo pegar un ojo pensando en lo extraña de la situación.Aquella tarde noche Ignacio tenía que cumplir horario en la comisaría de San Martín, por lo que no pudo acompañarlos, pero Marcos y Damián fueron antes que se hiciera de noche otra vez.La tarde del domingo era nublada y gris, fresca como luego de haber llovido durante la noche anterior. Se dirigieron hacia el norte, por la misma calle, tomaron por la calle de tierra hacia el este, manejaron varios kilómetros hasta la curva pronunciada y doblaron lentamente hacia la izquierda por el callejón. Manejaron los doscientos metros y pararon el auto, la claridad de la tarde aún alumbraba bien la zona. Tan bien como para que ambos pudiesen ver que no había ninguna casa a la redonda, ni rastros de viviendas, incluso ningún material que demostrase que por ahí pasara gente, como papeles, bolsas, caños o mugre.

Damián observó hacia la calle de tierra y solo vio las huellas del auto, las recorrió con su mirada hasta llegar al lugar donde estaba estacionado y siguió con la cabeza hasta la puerta por donde se bajó Amalia, como haciendo un plan mental, como un detective que va uniendo cabos. De pronto vio las huellas de ella, le dijo a Marcos y ambos comenzaron a seguir el rastro. El agua las había borrado bastante pero no hecho desaparecer, sobre todo porque al rato de haberse bajado Amalia comenzó a llover.Caminaron varios metros, vieron como las huellas sorteaban yuyos y piedras y de pronto vieron algo extraño. Las huellas se fundían con un montón de tierra fresca, distinta a la tierra del lugar. En el acto de dieron cuenta de que era tierra removida. Ambos se miraron y una corazonada de miedo les piantó una duda y una seguridad. No bastaron palabras. Marcos cortó un yuyo grueso y comenzó a correr tierra removida, luego cavó un poco. Se agachó para hundir más el palo en la tierra cuando sintió que topaba con algo de contextura blanda. Arrojó el palo por los aires y siguió cavando con sus manos, al tiempo que Damián lo miraba nervioso. Cavó un poco más y de pronto sintió que tocaba tela con su mano, removió la tierra y vio tela negra, separó la tierra alrededor del bulto que envolvía la tela y de pronto lo develó. Marcos saltó para atrás aterrado, ambos vieron parte del cuello y del hombro de un cuerpo en estado de putrefacción, una cadenita decoraba ajena la nefasta imagen. Marcos le aseguró que era la cadenita que rodeaba el cuello que había estado besando toda la noche anterior.Ambos huyeron despavoridos hasta el auto, subieron, hicieron marcha atrás al tiempo que el viento nuevamente se levantaba. Mientras Damián manejaba a altísima velocidad por la calle de tierra, Marcos llamaba al teléfono de la comisaría donde estaba Ignacio de guardia. Al cabo de varios minutos de espera en el asfalto llegaron dos móviles de policía dirigidos por Ignacio que conocía perfectamente la locación del siniestro. Marcos y Damián siguieron a los móviles, pero les prohibieron entrar a la zona donde habían visto el cadáver de Amalia.Un oficial se quedó custodiando a Marcos y a Damián que estaban espantados de miedo, los otros policías junto a Ignacio fueron directo a la zona señalada. Pasó un tiempo que se hizo eterno para ambos, cuando regresó Ignacio. Le pidió al policía custodio que los dejara solos. Muchachos nos vemos nada, fueron las palabras de Ignacio. Volvieron a señalarle la zona y ante la negativa de hallar algo nuevamente los llamaron para que entren en la zona. Marcos y Damián iban adelante, acompañado por el séquito de oficiales. Llegaron a la zona donde habían visto enterrado el cadáver de Amalia, estaba cercado y hurgado, pero no habían rastros de nada. Un calor invadió el cuerpo de ambos, mezcla de horror y vergüenza, los dos sabían lo que habían visto. Marcos cavó un poco más, al tiempo que Damián caminaba alrededor intentando encontrar otro lugar, pero estaba seguro de no haber fallado.Dos horas después y con la noche oscureciendo todo por completo, decidieron terminar la búsqueda y echarle la culpa al cansancio de los muchachos por la noche anterior.

El tema era ¿Dónde vivía Amalia? Uno de los móviles regresó junto a Damián y a Marcos y el otro, conducido por Ignacio, se quedó por la zona para preguntar por aquella tal Amalia en las casas que estuviesen más cercanas al lugar. Ignacio tenía grabada a fuego su mirada y la tez de su piel… esa piel horrorosamente blanca.Aquella noche Ignacio llamó a sus amigos comentándoles que no había nada, ni rastros de Amalia, dijo que iba a ver en los padrones municipales por las mujeres de ese nombre y de aproximadamente esa edad que pudiesen vivir por la zona, porque le llamaba la atención lo sucedido.Desde aquella noche todo cambió para los tres. Los tres comenzaron a tener pesadillas extrañas, los tres comenzaron a perder más tiempo de lo normal pensando en esa noche. No se animaron a volver a salir porque no tenían ganas de nada, las juntadas se habían transformado en un horrible contar y recontar de la historia. Pero fue Marcos el que comenzó con las visiones.Una noche los padres de Marcos llamaron aterrados a Ignacio, que estaba en la comisaría. Cuando se encontraron, Marcos estaba bajo un ataque de pánico y no quería entrar a su habitación. En compañía de Ignacio se animó. La habitación estaba absolutamente desordenada, Ignacio pensó que el desorden lo había hecho Marcos en su estado alterado, pero este juró y perjuró que solo la cama había quedado desarmada. Al cabo de unas semanas las pesadillas se habían hecho tan frecuentes y espantosas que Marcos no quiso dormir más de día. Curas, curanderos, exorcistas y brujas se negaron a entrar en su habitación por las fuerzas oscuras que decían percibir. Dos meses después la casa estaba en venta y la familia de Marcos alquilaba en otro barrio. Por vergüenza, Marcos no había querido contar nada, pero las pesadillas no habían cesado.Entretanto Ignacio continuó averiguando en la policía y en el padrón municipal por alguna Amalia asesinada, desaparecida o fallecida. Habían algunas pistas, pero nada contundente.

De vez en cuando mandaba a algún oficial a que observase la zona, pero jamás ninguno de los tres se animó a volver.Damián comenzó con pesadillas para luego tener visiones despierto. Todo empezó una noche que se estaba afeitando y pudo ver por el rabillo del ojo como alguien lo observaba desde la ducha. Al darse vuelta, ese alguien desapareció. También le pasaba de estar en cualquier lugar y presentir que alguien lo miraba, sin encontrar quien. El terror en el que había sucumbido lo había llevado a dejar de salir de noche. Una noche tuvo que viajar obligadamente hacia la ciudad de Mendoza. Les pidió a sus amigos que lo acompañen. Marcos estaba realmente desvastado psicológicamente, no solo había dejado de dormir de día, sino que había dejado de estudiar y de salir. Ignacio no trabajaba así que fue sin dudar.Apenas subieron al Acceso Este se largó una lluvia torrencial, Damián iba manejando despacio por precaución. Los dos iban callados, atentos a lo que pasaba alrededor. De pronto vieron algo delante de ellos, Damián prendió las luces altas del auto y ambos vieron a una chica caminando al costado de la ruta… vestida de negro. El corazón de ambos comenzó a latir y sin saber si continuar o seguir de largo pasaron al lado de ella. En ese justo instante la chica alzó la mirada y ambos pudieron verla a los ojos… era Amalia.Ignacio le dijo a Damián que pare, este se negó rotundamente. Desenfundó su arma y le dijo que pare, Damián lo miró y continuó acelerando, al tiempo que negaba parar. El policía levantó más el arma, haciendo alusión a que acabaría con ella, Damián se asustó y lo increpó diciéndole que qué iba a hacer, que si iba a andar matando minas así porque sí. Los dos discutieron fuertemente, mientras Ignacio insistía con frenar, Damián aceleraba más y más. De pronto alguien le hace una especie de cambio de luces a la distancia, Ignacio contó que no fue un vehículo el que irradió luz, intuitivamente los dos miraron por el espejo retrovisor… y ahí estaba ella.Sobre el accidente no tiene sentido ahondar, lo que si les voy a decir es que Damián perdió el control del auto y pagó con su vida las consecuencias. Ignacio se salvó de milagro, pero recordaba todo lo sucedido… incluso los ojos de Amalia en el asiento trasero.Nadie le creyó, obviamente le dieron licencia del trabajo, parte por las heridas y parte por la pericia psicológica que no había sido muy decorosa. El encierro, la soledad, la angustia de haber perdido un amigo y sobre todo las apariciones, sumieron a Ignacio en un estado devastador.

Las apariciones cada vez eran más frecuentes y aterradoras, uno de sus allegados contó que se le aparecía Amalia y lo increpaba por haberla abandonado, por no haberla acompañado hasta su hogar. Una noche de martes, Ignacio no soportó más el espanto y se despidió de este mundo, disparándose un tiro en la boca.Los compañeros de la seccional aludieron a una pelea con una supuesta novia. Ignacio no estaba de novio y los vecinos no escucharon ningún grito, ni vieron a nadie en el lugar, solo un niño de doce años dijo haber visto entrar una chica vestida de negro de piel muy blanca por la puerta del fondo.Marcos estaba sumido en una locura total, sus padres desesperados decidieron medicarlo, pero no hubo droga que calmase su miedo. Temiendo lo peor se contactaron con un hospital psiquiátrico de primer nivel ubicado en Temperley, provincia de Buenos Aires, pero no llegaron a llevarlo a ningún lado. La mañana de un domingo los sorprendió con Marcos colgado en el perchero de su placard. Toda la pieza estaba desordenada, todos los cajones abiertos, como si se hubiese librado una batalla atroz.Solamente encontraron una cadenita extraña, que no reconocieron como propiedad de Marcos, en la parte de atrás estaba escrito “Gracias por acompañarme a casa

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